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10 de abril de 2018.

El Brexit, la inmigración, los refugiados, el comercio exterior y el terrorismo centran las jornadas ‘Europa en la encrucijada’

La Cátedra Rafael Escuredo reúne en Almería al expresidente del Parlamento Europeo Enrique Barón, al eurodiputado Ramón Jáuregui y al general jefe de la Guardia Civil en la zona 2 de Castilla La Mancha, Manuel Llamas, para desgranar los retos a los que tendrán que enfrentarse los 28 países de la Unión.

La Facultad de Ciencias de la Salud de Almería acogió el pasado viernes 9 de marzo la jornada ‘Europa en la encrucijada’, una cita organizada por la Cátedra Rafael Escuredo en la que se abordaron los numerosos desafíos a los que debe hacer frente la Unión Europea. El ex presidente del Parlamento Europeo y exministro de Transporte, Turismo y Comunicaciones, Enrique Barón, el eurodiputado Ramón Jáuregui y el general jefe de la Guardia Civil en la zona 2 de Castilla La Mancha, Manuel Llamas, fueron los encargados de poner luz sobre el escenario europeo.

Hablar de la UE es hablar de nuestro propio derecho constitucional. Y es que las decisiones de la Unión Europea (UE) son derechos en España. La política agraria comunitaria, pesquera o industrial viene predeterminada por las instancias europeas; de ahí que sea importante fomentar nuestra adhesión a las instituciones. Con estas palabras el presidente del Consejo Consultivo de Andalucía, Juan Cano Bueso, junto al vicerrector de Planificación, Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Almería, José Céspedes, inauguraba la jornada ‘Europa en la encrucijada’.

El expresidente del Parlamento Europeo y exministro de Transporte, Turismo y Comunicaciones, Enrique Barón Crespo, reconoció que “desde el final del imperio romano vivimos en Europa el mayor periodo de prosperidad y paz, después de que en la primera mitad del siglo XX estuviéramos al borde de la destrucción como continente”. Barón partió de un escenario en el que Europa tiene un papel primordial pero en el que hemos ido perdiendo peso. “Somos el 7% de la humanidad, el 23% del comercio internacional y el 50% del gasto social”. Claro que ese 7% puede bajar si el Brexit finalmente llega al final. El comercio europeo desciende porque hay más de 1.500 millones de personas que salen de la pobreza y se incorporan a las clases medias que trabajan, mientras que los bienes públicos (especialmente educación y sanidad) generan tensión social porque no se gestionan de manera uniforme en Europa.

A este escenario se une una situación geopolítica incierta. “Estamos rodeados del mayor número de conflictos en el mundo: ahí está la destrucción de Siria, la tensión creciente en Irak… y todo esto incide directamente en el conflicto de los refugiados”, apuntó Enrique Barón,

No obstante, el expresidente del Parlamento Europeo quiso abrir una ventana de oportunidades y recordó que, pese a las opciones más pesimistas que decían que Europa estaba abocada al desastre por la implantación de las opciones nacionalistas, finalmente en las elecciones holandesas, francesas y alemanas se han impuesto opciones europeístas. “En los tres casos las campañas se han planteado con la dualidad: por Europa o contra Europa, cosa que no ocurría antes”.

Sobre el posible ‘divorcio’ del Reino Unido con la Unión Europea (el llamado Brexit), Baron insistió en que conviene no olvidar que finalmente “el poder está en el Parlamento”. Pero ¿cuánto costaría el posible divorcio de Reino Unido? La factura está por encima de los 50.000 millones. “Esta claro que el resto de países no están dispuestos a pagar más de lo que les toca. Pero el problema es más duro, defines una nueva frontera exterior de la UE y esa frontera tiene efectos no solo geográficos, también tiene consecuencias en el mercado interior, porque lo rompes”.

Durante su intervención, el europarlamentario Ramón Jáuregui también reconoció que Europa ha vivido en los últimos cinco o seis años una situación “al borde del abismo”. “Hemos vivido una crisis económica brutal atendida por una UE que tenía una unión monetaria pero no las estructuras políticas y económicas para afrontar la crisis”. En este contexto, Europa se fractura, los países del norte no se fían del sur, lo cual provoca una situación de tensión enorme. Pero hay más. “Sufrimos un ataque brutal a nuestra seguridad, el terrorismo ha llegado y se va a quedar muchos años entre nosotros mientras Europa sigue sin estructura para afrontarlo”. La inmigración es otro de los grandes fracasos de la Unión. La división entre el este y oeste de la Unión genera una fractura que hace imposible una política común de inmigración. El Brexit, el crecimiento del populismo antieuropeo o la heterogeneidad de una unión de 28 países con tentaciones soberanistas dificultan enormemente la gestión.

Sin embargo, en septiembre de 2017 el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo que había “viento en nuestras velas” y dibujó ciertas pinceladas de optimismo: las crisis financieras de los países del sur se están superando y todos los países de la unión están creciendo por primera vez. Se vencen los populismos en Holanda, Francia y Alemania, y Macron europeíza su imagen.

Sigue habiendo una opinión pública mayoritaria favorable a la unión (el 60% de los ciudadanos apoyan el proyecto), hay una unión europea del día a día: hay un consenso energético, conectamos nuestras redes eléctricas, tubos de gas... hay una apuesta por las renovables.

Claro que este marco impone nuevos retos, entre ellos el marco financiero 2020-27 para financiar nuevos proyectos, lo que obliga a incorporar conceptos fiscales de recaudación europea. Ya se ha planteado cobrar por las emisiones de CO2, incluir un pequeño suplemento en los billetes de avión o en las transacciones financieras para este fin. “Es necesario buscar recursos propios porque los países no quieren poner más”, declaró Jáuregui.

Toca también ordenar el comercio internacional en un momento en el que EEUU ha decidido cerrarse y hacer una guerra comercial. “Europa está aprovechando esa posición de cierre de Trump para hacer acuerdos con el resto del mundo".

Es el momento también de diseñar un sistema defensivo propio, fortalecer la industria europea y conseguir unidades militares propias, así como fomentar una política migratoria que, hasta ahora, “ha sido un desastre humanitario. Hemos tenido que pagar a los países para que retengan en sus campos de refugiados a personas”, explicó Jáuregui, y todo esto teniendo en cuenta que la inmigración es demográficamente imprescindible en unos países cada vez más envejecidos. “Necesitaremos entre 50-70 millones de inmigrantes hasta 2050. Es vital hacer una política de inmigración para salvar nuestro sistema de seguridad social”.

En cuanto al pilar social Jáuregui advirtió de la devaluación del marco en el que habíamos concebido las relaciones laborales hasta ahora. La desaparición de la negociación colectiva, la disminución de salarios o el incremento de la desigualdad serán brechas difíciles de superar.

“Europa se ha construido sobre dos motores: paz y el progreso. El primero fue la conciencia general de los europeos en los años 60-70-80. Construir la UE entre países para tener paz era un ideal bonito pero hoy ha dejado de ser un estímulo para las nuevas generaciones. En cuanto al progreso, los jóvenes nos saben hoy si van a trabajar ni cuánto les van a pagar. El argumento más poderoso para el europeísmo es saber que no hay otra manera de contemplar el futuro, de defender nuestros valores que no sea con una Europa fuerte”, afirmó rotundo el eurodiputado.

Finalmente, el general jefe de la Guardia Civil de la zona 2 de Castilla La Mancha, Manuel Llamas, abordó en su ponencia los retos en seguridad de la UE. Recordó que Europa nace de la necesidad de conjurar los fantasmas y evitar conflictos bélicos, aunque esa intención no se materializa reforzando mecanismos de seguridad entre los países puesto que “se prefiere trabajar en el plano político y social”. “Los temas de seguridad han sido siempre una rémora, no se avanza en esa conciencia de que parte de esa soberanía de los países hay que dejarla porque los derechos fundamentales hay que cederlos”.

“La unión, a día de hoy, no ha sido capaz de ser independiente en materia de seguridad, lo ha hecho apoyándose en el derecho internacional”. 2016 fue el año crítico en el que de una manera definitiva Europa da el salto y comienza a creer que esa necesidad ya no esta cubierta por terceros países. “Hemos sido prisioneros de esa poca previsión”.

Los atentados del 11-S, y el 11-M tres años después, cambiaron la visión europea contra el terrorismo, a lo que se sumó la última etapa a partir de los conflictos de 2010 en la que despertaron los dos grandes conflictos al calor del yihadismo (Irán e Irak) y surgen las primaveras árabes.

“El tema de la seguridad y el terrorismo seguirán presentes en el horizonte hasta 2035: habrá que acercar marcos legislativos de los estados miembros para armarnos en seguridad”, vaticinó.

El expresidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, fue el encargado de clausurar la jornada agradeciendo a la Universidad de Almería la acogida.